Correr con un bebé

Hay factores que debemos tener en cuenta para correr con niños

Hay factores que debemos tener en cuenta para correr con niños

Si acabáis de tener un hijo y estáis tentados de correr con él, en primer lugar deberíais esperar a que haya cumplido por lo menos medio año, ya que en caso contrario todavía tendrá los músculos del cuello demasiado débiles para sujetarlo con seguridad mientras lo sometéis a unos movimientos a los que no está nada acostumbrado.

Un modelo adecuado

En segundo lugar, debéis aseguraros de que el cochecito que habéis elegido es adecuado parta el running. Los modelos más habituales, y también los más aconsejables, acostumbran a tener tres ruedas y el precio de los más económicos no sobrepasa los 200 euros. Es importante que sean ligeros y, sobre todo, confortables para los bebés. También ayuda que las ruedas sean grandes y que el cochecito disponga de frenos que se activen en el hipotético caso de que el corredor se vea obligado a soltarlo, algo que, por otra parte, deberíamos evitar a toda costa.

Evitar tensiones

Como es obvio, correr con un cochecito de bebé es bastante más complicado y cansado que correr solo. El esfuerzo a realizar es mucho más grande, especialmente en las subidas pero también en las bajadas. No es extraño que, al finalizar el ejercicio, los hombros y la espalda queden algo cargados, por lo que conviene no excederse con la intensidad del agarre. Hay que sujetar en todo momento el asidero, por descontado, pero tampoco es necesario estar en tensión todo el rato, ya que ello nos obliga a apretar demasiado las manos.

Preparación física y mental

Para correr de esta forma es necesario estar muy bien preparado, tanto física como mentalmente. No es nada aconsejable participar en una carrera sin haber entrenado jamás, ni tampoco deberíamos obsesionarnos con sacar a nuestro bebé a todas horas mientras le damos al running. Como siempre, hay que tender al equilibrio, a buscar la menor forma de disfrutar de las cosas, en este caso de nuestro deporte favorito, sin por ello caer en el exceso.

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