Agua y arena

Entrenar en la playa ayuda a desarrollar los músculos

Entrenar en la playa ayuda a desarrollar los músculos

Si estáis de vacaciones, ya sea en un hotel en Tenerife, en Cádiz o en cualquier otro maravilloso rincón de este país, tenéis todo el derecho del mundo a disfrutar de ellas y descansar todo lo que os plazca, olvidándoos por completo del running y de cualquier actividad que tenga alguna relación con el ejercicio físico. Faltaría más. De hecho, lo más habitual, y en muchas ocasiones lo más aconsejable, es proporcionar un merecido descanso a nuestro cuerpo, permitir que se relaje e irlo preparando para la próxima temporada, que posiblemente será todavía más dura que la anterior porque muy probablemente aspiraremos a mejorar nuestras prestaciones.

Un nuevo aire

Pero es obvio que si os apetece, si por la razón que sea decidís que podéis aprovechar las vacaciones para hacer cosas distintas a las habituales sin dejar de darle al running o por lo menos a actividades que tengan alguna relación con el running, entrenar en la playa puede ser una buena forma de entrenar, de motivarse y darle un nuevo aire a nuestras sesiones.

Dentro del agua

¿Habéis probado alguna vez lo de correr dentro del agua? Es muy posible que sí, pero puede que nunca con la determinación propia de los runners que quieren alcanzar un grado más en su preparación. Estamos hablando de emplearse realmente a fondo, de intentar recorrer una distancia determinada en el menor tiempo posible o, mejor aún, de correr un tiempo concreto a la mayor velocidad posible. Se trataría, por supuesto, de series duras, equiparables a las de velocidad fuera del agua, porque la resistencia que opone el líquido elemento es tan grande (mayor a más profundidad, claro) que obliga a realizar esfuerzos difíciles de mantener durante mucho más de un minuto.

Sobre la arena

Lo de la arena quizá parece menos duro, pero también ofrece sus complicaciones. Probad a correr descalzos en zonas en las que abunde y os daréis cuenta de que avanzar es bastante complicado. Dejando de lado las piedrecitas o los objetos que los bañistas van abandonando a lo largo del día, la propia arena nos obliga a correr de forma muy distinta a cuando lo hacemos con las zapatillas sobre la tierra o el asfalto. Y, como ocurre con el agua, puede resultarnos muy útil cuando nuestro objetivo es mejorar.

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