Consejos

A ras de suelo

Escrito por Josep Pastells / 16 de julio de 2009

A menos que nos dispongamos a saltar (algo que, por otra parte, los atletas de fondo debemos hacer de vez en cuando) lo más sensato al correr es mantener los pies a ras de suelo, con el objetivo de evitar esfuerzos innecesarios y conseguir una zancada más eficaz.

Cuanto más separamos los pies del suelo, más nos cansamos

Cuanto más separamos los pies del suelo, más nos cansamos

Si habéis visto a algún atleta que más que correr parecía que saltaba, podéis estar seguros de que o bien estaba haciendo el tonto o bien no sabía correr. No nos referimos, por supuesto, a los saltadores de longitud o de altura, ni tampoco a los velocistas, sino a los fondistas. Su objetivo es mantener el ritmo más elevado posible durante bastante tiempo y cualquier esfuerzo innecesario resulta más perjudicial que beneficioso.

Pocos centímetros

Por este motivo, los atletas más experimentados saben muy bien que la zancada más eficaz es aquella en la que los pies prácticamente están pegados al suelo, casi como si se arrastrasen. Por supuesto siempre deberán estar unos centímetros por encima de la tierra o del asfalto, pero bastarán muy pocos centímetros, los suficientes para no chocar con alguna piedra o con cualquier irregularidad de la superficie que pudiera provocar una caída o un traspiés.

Cambiar de hábitos

Es posible que estéis acostumbrados a correr de otra manera, casi dando saltitos, pero si se diera esta circunstancia haríais bien en cambiar lo antes posible vuestros hábitos, más que nada porque descubriréis que con los pies más cerca del suelo se corre mucho mejor. Todo es cuestión de práctica y cada persona es distinta, pero la mayoría de los atletas populares necesitan muy pocos centímetros para que sus zancadas sean efectivas.

Arrastrar sin arrastrar

Lo cierto es que no hace falta ser un genio de la aerodinámica para darse cuenta de que el tobillo y el tendón de aquiles actúan como un muelle mientras corremos, impulsando el cuerpo hacia adelante. Por este motivo, el esfuerzo será menor si nos mantenemos más cerca del suelo. En realidad, si nos acostumbramos a correr arrastrando los pies (es una forma de decirlo, no hay que tomarla en sentido literal) notaremos que nos resulta mucho más fácil que antes, que podemos hacerlo con menor sensación de esfuerzo.

No botar

Al final todo se reduce a simplificar las cosas, evitar los esfuerzos adicionales. Un corredor botador gasta forzosamente más energía que otro que no bota, una energía que si corriera mejor, más cerca del suelo, le iría muy bien, por ejemplo, para correr más rápido o más lejos.

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